Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2020

Le llaman vivir

Un mate de charlas con tu mejor amiga Un abrazo de tu vieja Un recreo en el trabajo Darte cuenta que te registras y que ahora sos vos el que deja sorprendido al psicólogo Un helado con el chico que te gusta Un abrazo de tu hermano recién llegado de viaje Un abrazo que te espera del otro lado del mundo Los buenos días de tu tío Un vídeo de tu prima  Un meme de tu cuñada  Despertar un día y no querer repetir la historia de amores no correspondidos Mimarte Registrarte Una charla con tu compañera por Skype Compartir música para no dormirte El mensaje de tu tía para ver como estas El llamado de tu papá de vez en cuando y de cuando en vez Entender  Aceptar Desear las mariposas en la panza Querer que el entusiasmo vuelva Llorar Respirar Respirar hondo  Secarte las lágrimas Seguir  .. Calma Ya llegara .. Le llaman vivir

Lo incontenible

—¡¡¡Ayyy, Mabel, no llego!!! ¡¡¡¡No llego!!!! —le gritaba Roberto por teléfono. —Pero ¿es para tanto Roberto? —¡¡¡Siií, no llego!!! Teneme el portón abierto y la puerta de la casa también —le rogaba Roberto a Mabel con voz de desesperación total.  —Bueno, Roberto, respirá, respirá conmigo si querés. —Mabel, no entendés, tus respiraciones te funcionan solo a vos. ¡Hablame, por favor, hablame así pienso en otra cosa porque te juro que no llego!  —Bueno, te cuento que los chicos tienen examen el lun… Roberto la interrumpió: —¡¡¡No, no, no puedo pensar y concentrarme en malas noticias, me hace peor!!! ¡¡¡Ya estoy en la esquina, Dios Santo, ¡¡¡gracias!!!  Mabel no sabía qué decirle. En sus 30 años de casados, jamás lo había visto tan sacado como ahora.  Roberto entró el auto como si estuviese en el rally, se bajó, dejó la puerta abierta y las llaves puestas. La casa lo esperaba abierta. Entró caminando como pingüino en carrera de Olimpiadas, hizo dos pasos y quedó inmóvil. Miró a Mabel con

La lucha del abrazo

Imagen
Hoy vi una imagen en el diario, muchas mujeres vestidas de verde, abrazadas a pesar de la “pandemia”, con los ojos llenos de lágrimas y sus bocas abiertas en plena expresión de grito de libertad.  Hoy, al ver esa imagen, se me estremeció la piel, se me llenaron a mí también los ojos de lágrimas y sentí una presión en el pecho muy grande. Es esa emoción que no está muy clara por su intensidad, no sabés si llorar o gritar, si es angustia o felicidad. Es ese sentimiento de querer hacer algo, de estar ahí, de ayudar y al mismo tiempo de aplaudir fuerte al darte cuenta de que, esas mujeres, están haciendo historia.  Y soy consciente ahora de todas esas infinitas luchas que tuvieron miles de generaciones de mujeres y que han logrado cambiar la historia. Y las admiro, mucho. Porque me di cuenta de que con los años las cosas, este tipo de cosas, las valoro más. Cuando era chica no les daba mucha importancia, por ignorancia o porque simplemente nunca me involucré en una lucha histórica, nunca m

Hansel y Gretel

 Había una vez un leñador, Adler, y su esposa, Ernestine; vivían en una humilde cabaña con dos hijos, Hansel y Gretel. Los niños eran hijos del leñador, pero no de su esposa. Él había enviudado de muy joven, quedándose a cargo de ambos niños y cuidando de ellos lo mejor que pudo con los pocos recursos que tenía. Cuando se casó con Ernestine, decidieron anotarse como familia para cobrar los subsidios que daba el estado y así poder tener un mejor pasar.  Sin embargo, nada de ese plan funcionó: la plata la cobraban por medio de Ernestine, pero nunca la veían. Según ella, se iba rápido en toda la comida y el calzado que compraba para los niños, que supuestamente, comían mucho y nada cuidaban. Un día, viendo que ya no tenían forma de alimentarlos, el matrimonio se sentó a la mesa y amargamente tuvieron que tomar una decisión. Ernestine le había planteado a Adler que sus hijos eran bien pícaros y despiertos, que podían valerse por sus propios medios y que sería un buen plan dejarlos trabajan

Muriel

Imagen
 Muriel siempre fue de esas mujeres que tiene todo en orden, incluidos los perfumes que usa, uno por día y ordenados uno detrás del otro. La cama la hace apenas se levanta y tiene que estar tensa, nada de esas arruguitas que aparecen cuando solo “se estira”. Cuando era chico, me encantaba saltar encima, la volvía loca; ahora de grande, ya no es tan divertido, no la veo reír, me grita y se frustra. Es una buena mujer, hermosa, alta, de cabello castaño y siempre está limpia. Sé que quizás esto resulta raro, pero no la puedo oler, no tiene un olor particular. Yo busco y busco, pero no lo encuentro. Todos tenemos un olor, un olor que nos caracteriza, que nos hace únicos, que nos identifica. Incluso el olor nos dice y muestra el estado en el que estamos, cómo nos sentimos, lo que queremos y, sobre todo, en qué día del ciclo estamos. Ella, en cambio, no. Solo tiene los olores embotellados que se pone todos los días, y cada día es uno distinto. Muriel está casada con un hombre tan atractivo y

Epifanía

 En un día de calor, el niño se cagó. Se cagó como nunca antes, hasta la nuca. Roberto lo escuchó y, como de costumbre, lo ignoró: podía adivinar por el llanto y el olor que era una bomba de la cual quería estar lejos. Cuando Rita lo agarró, empezó a cambiarlo y a discutir al mismo tiempo con Roberto, pues ella no concebía la posibilidad de que se hiciera el boludo de esa manera. Entre el cansancio y el calor, Roberto se rebeló. Le confesó que no tenía trabajo, que era poco estable con sus obligaciones y que le gustaba dormir hasta tarde. Que los domingos no contara con él, porque era su día para la cama y las carreras. Rita se calló; no podía creer todo lo que escuchaba, cómo había idealizado a aquel hombre y cómo sus ganas de ser madre no la habían dejado ver un poquito más allá y con claridad. Tenía el pañal en la mano a punto de cerrarlo y meter al bebé al agua. Roberto seguía confesando el presente dibujado. Rita lo miró fijamente y en un instante en el que no pensó, dejó salir to

La inmensidad

Imagen
Abro los ojos y veo la inmensidad, se mezcla el cielo con la tierra en diferentes tonos de celestes y blancos. Bajo la mirada y veo mis pies, veo como se empiezan a hundir en esa arena blanquecina que en su superficie es cálida, pero a medida que voy cavando con los pies se vuelve cada vez más y más fría.  Vuelvo a cerrar los ojos para sentir con más intensidad. Ahora puedo apreciar el olor, ese característico aroma a sal. Esa extraña mezcla de sustancias químicas naturales de los peces, las rocas mojadas, las células microscópicas de las algas, y más sal. De repente siento que mi alma se traslada, es más liviana y siento como se despega de mi cuerpo. Puedo sentir las cosas más finas. El aire que casi no corre, el ruido de las aves que pasan en busca de comida. Puedo sentir el color de los rayos del sol en mi cara, como nutre mi cuerpo y pelo. Puedo sentir cómo ese calor penetra por mis poros llenándome de vida y de energía. De repente un ruido feroz me trae, abro los ojos asombrada. E

La bolsa de nylon

Si hay algo que caracterizó siempre a mi familia es la discreción, en todas sus formas, tamaños y colores; pero llegó un día en que todo ese esfuerzo de años se fue al tacho, en minutos.  Era el 24 de diciembre y, como todos los años, íbamos camino a festejar Navidad con la familia, en una finca en las afueras de la ciudad. Lo que distinguía a nuestras Navidades era la cantidad de gente, comida y más comida; como “buenos católicos”, claro. A pesar de que en mi núcleo familiar éramos cuatro contando a mi abuela, en las reuniones de fin de año, la gente se multiplicaba, como los panes de Jesús. “Los primos de los tíos más los hijos de los nietos”, sumaban una cantidad de personas donde un niño pasaba desapercibido, no solo por la multitud, sino también por la altura. Lo bueno es que había más chicos para distraer a los adultos, y el plan que teníamos con mi primo y mi hermano iba a ser un éxito.  Nuestra misión para ese 24 era encontrar a Papá Noel y nadie nos lo iba a impedir. Era un pl

La magia de los 10

Imagen
Tenía 10 años, estábamos en el campo con mi familia esperando la medianoche para recibir los obsequios y brindar. Días antes, mis primos me habían dicho que Papá Noel no existía, que era mi mamá. Al dar las doce, todos abrieron sus regalos simulando sorpresa.  Yo miré al cielo, y lo vi.  

Rayito de Sol

Imagen
Catamarca Capital, año 1987 y, como de costumbre en Noviembre, el sol partía el asfalto de la calle Sarmiento al 300. Ahí se encontraba Sara, acomodando su bolso y tomando el último baño antes de salir con su esposo a la clínica. Ese 11 de Noviembre, aunque el médico no le había dado fecha, ella había decidido que su hija iba a nacer. Y así fue. Mirándolo desde lejos ahora, cabe preguntarse que habría pasado si era un varón, porque la idea de una hija estaba instaurada en Sara desde que tenía pocos años de edad, cuando a todas sus muñecas, marca “Rayito de Sol”, las llamaba Nieves. Hubiese sido más útil que esa convicción y fuerza para que su hija saliera mujer, le hubiera funcionado para la quiniela, pero eso será en otro cuento.  Nieves nació el 11 del 11 en la habitación 11 y, como predicción de bruja, aquella bebé rosada y pelada de 3,400 kg nació con una marca roja en el entrecejo. Todo muy raro, pero totalmente cierto. Desde su primera respiración de bienvenida en este mundo, ya